LAS AVENTURAS DE MARIPEPA: ciencia-ficción cotidiana

Maripepa tenía varios recados que hacer aquel día. Decidió comenzar por buscar unos zapatos para la fiesta. Al llegar a la zapatería, se encontró con la puerta cerrada, e incrustada en ella una pantalla que rezaba: “Introduzca en la ranura 20€ si desea unas zapatillas de casa, 50€ si desea unos zapatos de paseo, 150€ si desea unos bonitos zapatos de fiesta”. Maripepa qBenQ Digital Camerauedó perpleja, pero si ni siquiera había visto los zapatos!, ni los había probado para saber si le eran cómodos o si le gustaban. Pues sí, pero no obtuvo más información de aquella máquina.

Alucinando, se encaminó hacia la peluquería, pues quería acostumbrarse al peinado y al corte con antelación a la fiesta. No dió crédito cuando se encontró con un panorama similar ante la puerta de la peluquería. La pantalla esta vez decía: “Si paga ahora 300€, tendrá un descuento en el precio de los productos utilizados”. ¡Cómo?!! Qué productos??!! Pero si ni siquiera saben qué quiero que me hagan, ni le he visto la cara a la peluquera, ni sé qué opciones tengo!!!. Pero tampoco  obtuvo mayor información en esta ocasión.

Maripepa comenzaba a sentirse desorientada y aturdida. Mirara adonde mirara, veía comercios con puertas cerradas, franqueadas por una pantalla amenazante que prohibía toda posibilidad de contacto humano. Se preguntaba si habría personas dentro de las tiendas. El resto de la gente que caminaba por la calle no parecía extrañarse de nada. Observó a mujeres y hombres introduciendo dinero por ranuras, y extrayendo productos a cambio. Incluso pudo leer en una de las pantallas, acercándose a la espalda de la persona que metía billetes por un agujero, que la pantalla le agradecía su adquisición, añadiendo que recibiría su producto 6 meses después!!! Y el tipo se iba de allí tan contento!!

Incapaz de aceptar lo que estaba pasando, Maripepa se obsesionó con encontrar una tienda con la puerta abierta, gente humana dentro y productos que poder mirar y tocar antes de elegir comprarlos. Ya sé!-se dijo- iré a la frutería de mi calle.
El final de la excursión fue estrepitoso. La frutería cerrada a cal y canto. Ni rastro de las habituales frutas y verduras en la acera; ni de Elena, la frutera. Se acercó curiosa a comprobar cómo intentaría convencerla esta vez la pantalla para que pagara, sin antes ver las manzanas o el pan.
“Si abona antes de 5 minutos 220€, obtendrá una reserva para el 1º cesto de castañas del próximo otoño”
PEro bueno!!! Ni palabra de elija su mollete o compre un kilo de naranjas aunque sólo necesite un plátano?? Castañas en pleno mayo? 220€ meses antes de ver ni medio pincho de castaña? Reserva de cestos? Aquello era el colmo!!!!!

Agotada y deseando que acabara aquella pesadilla, Maripepa se dirigió hacia su casa. Se zapateó en el sofá y accedió a su correo electrónico. Por fin había recibido respuesta a su anuncio.
“Hemos conseguido por fin informarnos sobre las condiciones de su oferta. Después de 17 emails y varias descargas de adjuntos, decidimos no matricularnos en su propuesta de formación. Consideramos que pagar por adelantado 2500€ por cada uno de los 4 módulos, (aun con el descuento en la inscripción si nos anotamos antes de ayer), con acceso al contenido inscribiéndose en los foros exclusivos para el alumnado, (para lo cual hay que hacer otro curso); excede nuestra capacidad de aguante de lo absurdo. Rechazamos la plaza en su curso online Aprenda a abrir su paraguas con armonía

Mierda!! -pensó Maripepa- debería haber preparado el curso presencial. Y se echó a llorar.

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